Alrededores

Salir del casco urbano también nos ofrece construcciones de interés, como por ejemplo los molinos sobre el Tamujoso, cuando se toma el camino que busca la desembocadura del arroyo en el Tajo. Todavía hoy se mantienen en pie estos viejos molinos, ya abandonados, pero que ofrecen al viajero todo lo que era un antiguo molino harinero. Aún se conserva en el dintel de la puerta un viejo ladrillo que indica el dueño del molino y el año del mismo, también en el siglo XVIII.

Interés ofrece también una construcción característica de la comarca que se denomina "cocina" y que era lo que se denomina una casa de aperos para la labor del campo. La cocina belviseña es una construcción normalmente de una sola pieza, aunque puede lleva aneja un corral para las caballerías, donde el agricultor tenía una lumbre, extendía un catre y guardaba los aperos. A veces se pasaba en la cocina largas temporadas, por ejemplo en verano. Cuando las cocinas se agrupaban, surgía lo que se denominaba "labranza", que ya era capaz de albergar mayor número de trabajadores. Todavía hoy podemos contemplar algunas de estas bellas construcciones, la mayor parte abandonadas y en ruina, pero otras activas todavía, rehabilitadas como casa de campo. Por ejemplo es muy interesante la ruta del camino de Los Baños, empezando por las cocinas de Cascajoso, siguiendo por las de la Parreñuela y terminando por los propios Baños del Vivaque. Las cocinas jareñas se amoldan al terreno donde han sido construidas y pueden estar hechas del tradicional canto rodado de la comarca, la cuarcita, como de la lancha de pizarra (por ejemplo Saucejo).

 Son estas unas construcciones del siglo XIX que deben su nombre a que vivaqueó en el lugar el ejérctio napoleónico en la invasión de principios de siglo. El paraje es espectacular no sólo por la belleza del paisaje, también por las antiguas construcciones que desde siempre han albergado unos baños de aguas ferruginosas con propiedades demostradas contra el reuma. Hoy combinan la comodidad de un alojamiento rural con las viejas casas que daban el baño a los habitantes de la zona que llegaban a lomos de caballerías todos los veranos.

Pero el interés paisajístico de Belvís y alrededores hay que completarlo con parajes naturales de belleza singular, como por ejemplo el barranco conocido como "Barranco de los lobos", en el camino que lleva a la raña de Paniagua; y en ese mismo camino las dos lagunas naturales, a ambos lados del camino que lleva a las sierras de la Picaza y el Aljibe. Son estos dos picos, lugares de belleza particular, donde la oliva y la encina dejan al pino mediterráneo. La subida a estos picos, relativamente sencilla por el camino citado, cuya prolongación lleva al pueblo cercano de Buenas Bodas, ofrece vistas espectaculares y permite observar buena parte de la tierra de Talavera.

No se puede olvidar tampoco el camino que lleva de Belvís al río, justamente por el cementerio. Lo primero que encontramos es la bella Cruz de Hierro forjado, levantada casi enfrente del campo santo y cuya fecha consta en la base del monumento. También visitable es el Cementerio mismo, con algún mausoleo muy bello, como el dedicado al hijo del médico don Francisco López Paredes, muerto en la Guerra Civil.

Camino del río Tajo podemos encontrar también algunos parajes de gran belleza, como el denominado Puente de la bolilleja (deformación de golilleja, del latino gulella), en la desembocadura del río Gévalo en el Tajo, hoy es una zona pantanosa llamada El Carpio, porque hasta ahí llega el reculaje del pantano de Azután. Zona de belleza particular y de historia milenaria, particularmente fértil en hallazgos arqueológicos de diferentes épocas, que van desde el Hierro hasta la visigótica o la musulmana. Muy cerca se levantaba el famoso castillo de Canturias, que se desplomó sobre el Tajo en el siglo XIX, y hoy encontramos el Hotel Rural de Canturias, que ofrece multitud de actividades acuáticas y de otro tipo.

Entre los parajes cuya visita se recomienda hay que situar también el de los Maillos y el Martinete, que todavía permite ver la llamada "fábrica de la luz", en el río Gévalo, en cuyas márgenes podemos encontrar una especie de cueva natural unos grabados rupestres que representan animales prehistóricos. El descenso del río hasta su desembocadura en el paraje llamado El Carpio (en Belvís) puede ofrecer una fuente añadida de diversión y aventura.

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